Si todo fuera tan fácil cómo pensar,
si todo fuera pensar y decir,
si todo fuera un mundo en el que puedes ver lo que va a suceder en tú futuro,
si todo fuera un ¿Lo voy a hacer aún así?
La verdad es que no se que haría si pudiera saber si lo que voy a hacer va a dolerme o quizás sí pero no quiero admitirlo. He dicho tantas veces que soy masoquista respecto a mi persona que ya no sé si es un pensamiento o una triste realidad.
A nadie le gusta caer,
a nadie le gusta creer que todo esta perdido,
a nadie le gusta perderse pero aún así, lo hacen.
Las personas somos masoquistas por naturaleza, cada uno en nuestras debilidades.
Pero, ¿Qué pasa si la debilidad de una persona no es una cosa sino que es una virtud que se vuelve defecto.
¿Qué pasa si esa preocupación por mejorar las cosas te juega al final malas pasadas?
No lo sé.
Dudo constantemente en si hice bien o si hice mal.
La realidad es que prefiero no saberlo.
Supongo que si seguí con ello fue porque quise, porque soy cabezota empedernida y no puedo remediarlo.
Supongo que lo hice porque me importaba.
Pero realmente, ¿Qué era lo que me importaba de todo eso? ¿Qué necesidad oculta había en mi solidaridad?
No lo sé.
Sólo sé que caigo, que a veces me gusta hacerlo, a veces me gusta ver cómo el abismo me rodea y me acuna entre su oscuridad.
A veces, sólo a veces, necesito sentirlo para saber que quiero salir de ahí.
A veces, sólo a veces, me pregunto si los abismos son hogares perdidos en universos inundados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario