Hacía demasiado tiempo que me echaba de menos.
Hacía tanto que hasta me había olvidado de escribir aquí.
Que conste, que perdure en este espacio cibernético en el que mueren todas las palabras que nacen.
Que conste que no he dejado de escribir, que no he dejado de quererme.
Que conste que sigo siendo yo, que no me he abandonado. He seguido viviendo pero abrumada por mi mundo llegué a dejar de pensar en mí. Por eso yo sabía que echaba algo de menos, a mí.
Echaba de menos hablar conmigo en los sueños, en la ducha, ante el espejo...
Echaba de menos conocer cada pequeño recoveco que hay en mí.
Echaba tantas cosas de menos que sabía que no podía abandonar, no debía abandonarme.
Siempre he sido yo, me considero firme ante mis decisiones, me considero luchadora a tiempo parcial porque en mis sueños suelo sumirme en un descanso que parece eterno.
Ahora sé, ahora me entiendo, ahora sé que debo buscar y querer en mi mundo para seguir queriéndome.
Para seguir estando sin olvidarme.
Para seguir escribiendo.
Para seguir soltando mis miedos y permitir a esa parte de mí que se esconde la libertad de salir a la luz.
Para seguir siendo yo, lanzando todos mis miedos al vacío que hay entre mis manos y que tú lo hagas pequeño, lo hagas tan minúsculo que sea capaz de no echarme de menos en mucho tiempo.
Y es que esto es por ti, tú no lo sabes, lo desconoces pero es real.
Es algo extrañamente perfecto y sutil.
Es algo que hace que los males desaparezcan y que lo único que perdure de ellos sean las cicatrices y los aprendizajes. Y es que esto es lo que tú haces, los abrazas, los unes a mí.
Tú haces que mis defectos se conviertan en virtudes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario